El 54% de los ucranios confía en Zelensky a pesar de los escándalos de corrupción, según KIIS
Una encuesta del Instituto Internacional de Sociología de Kyiv realizada entre el 21 de agosto y el 10 de septiembre muestra que el 54% de los ucranios confía en el presidente Volodímir Zelensky, una cifra prácticamente sin cambios respecto a finales de julio y principios de agosto, a pesar de los escándalos de corrupción recientes vinculados a su oficina. El director ejecutivo del KIIS, Anton Grushetsky, advirtió que el efecto acumulado de varias investigaciones anticorrupción podría volverse irreversible.
Puntos clave
- 54% de los encuestados confía en Zelensky; 41% no; balance de +13 puntos.
- Encuesta del KIIS realizada del 21 de agosto al 10 de septiembre a 1003 personas mayores de 18 años en territorio controlado por Ucrania.
- A finales de julio y principios de agosto, la confianza era del 55% y la desconfianza del 40%.
- La investigación 'Forest Gamp' de NABU y SAP llevó al despido de la subjefa de la Oficina Presidencial, Iryna Mudra.
- La investigación 'Cartago' de NABU y SAP afectó a la Oficina del Fiscal General.
- Anton Grushetsky, director ejecutivo del KIIS, afirmó que Zelensky mantiene altos niveles de confianza y legitimidad como jefe de Estado.
- Grushetsky advirtió que el efecto acumulado de varias investigaciones anticorrupción contra el equipo y el entorno de Zelensky podría volverse irreversible.
Por qué importa
La encuesta pone a prueba si las investigaciones anticorrupción de alto perfil contra la Oficina Presidencial están erosionando la legitimidad política de Zelensky. Proporciona una medición base de la opinión pública hacia el presidente y su equipo antes de cualquier futuro ciclo electoral. La advertencia de Grushetsky señala que el efecto acumulado de múltiples casos anticorrupción podría eventualmente volverse irreversible.
Qué ha ocurrido
El Instituto Internacional de Sociología de Kyiv (KIIS) realizó una encuesta telefónica por iniciativa propia, sobre una muestra aleatoria de números móviles, entre el 21 de agosto y el 10 de septiembre de 2026. Se encuestó a 1003 personas mayores de 18 años residentes en territorio controlado por el Gobierno de Ucrania.
El 54% de los encuestados dijo confiar en Zelensky (18% «plenamente» y 36% «más bien»), mientras que el 41% dijo no confiar (25% «en absoluto» y 16% «más bien»). El balance de confianza-desconfianza fue de +13 puntos. Estas cifras son prácticamente iguales a las de finales de julio y principios de agosto, cuando la confianza era del 55% y la desconfianza del 40%.
La encuesta se dio a conocer en un contexto marcado por recientes investigaciones anticorrupción: la operación «Forest Gamp» del NABU y la SAP llevó al despido de Iryna Mudra, subjefa de la Oficina Presidencial, y la operación «Cartago» afectó a la Oficina del Fiscal General.
El director ejecutivo del KIIS, Anton Grushetsky, afirmó que Zelensky mantiene niveles bastante altos de confianza y legitimidad como jefe de Estado, aunque advirtió que el efecto negativo acumulado de varias investigaciones anticorrupción contra su equipo y entorno podría volverse irreversible.
Cómo lo cuentan las fuentes ucranianas
Los medios ucranios consultados, entre ellos LIGA.net, Suspilne Novyny y NV, centran su cobertura en la propia interpretación del KIIS, dando protagonismo al director ejecutivo Anton Grushetsky y a su advertencia sobre un posible efecto acumulativo negativo de los casos de corrupción. El titular destaca que los niveles de confianza «casi no han cambiado» en medio de los escándalos de corrupción, enmarcando la resistencia del presidente más que un declive.
Contexto
En abril de 2026, el 54% de los encuestados consideraba que la corrupción era una amenaza mayor para el país, frente al 39% que señalaba la agresión militar. Al 10 de agosto, los índices de confianza más altos entre los políticos ucranios correspondían a Valeriy Zaluzhny (66%), Mykhaylo Fedorov (63%) y Kyrylo Budanov. En agosto, el 15% de los encuestados (frente al 12% de marzo) consideraba que las elecciones en Ucrania debían celebrarse tras un alto el fuego, sin esperar a la firma de un acuerdo de paz definitivo.